El docente debe ser un modelo a seguir para sus estudiantes, exhibiendo un nivel superior de ética, conocimiento y compromiso que inspire
y guíe el desarrollo de estos. Su formación integral, equilibrio emocional y capacidad para adaptarse a los cambios son fundamentales. Debe ser un profesional actualizado, capaz de utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para preparar a sus alumnos para el futuro. Además de transmitir conocimientos, el docente debe fomentar valores humanos, promover la participación democrática y estar abierto al cambio. Su rol trasciende la mera impartición de clases, involucrándose activamente en la organización y ejecución de actividades complementarias que enriquezcan la experiencia educativa. En esencia, el docente ideal es un guía, un mentor y un facilitador del aprendizaje, que
inspira a sus estudiantes a alcanzar su máximo potencial.